Este loco quiere posicionarse ante el derecho a la huelga, o el derecho a no hacer huelga. Vivimos en una democracia, por tanto, todos tenemos derecho a elegir lo que más nos convenga. Es decir, sí o no a la huelga. Y en ese derecho no sólo están los sindicatos sino también los trabajadores.
A estos últimos se les ha demonizado por asistir a sus puestos de trabajo. Es un derecho que le asiste. Y más si ese derecho le asiste ante el previsto descenso de su nómina.
Todos podemos decir sí o no, o no sólo sí exclusivamente. El que los sindicatos acuerden y consigan su derecho a una huelga general no significza la obligatoriedad para que yo, u otros, acatemos esas directrices; ni siquiera podremos ser obligados a llevarla a cabo, ya que una huelga no es ley.
Podremos estar de acuerdo con la huelga o no, y cualquier decisión debe ser respetada. De ahí que no entienda a los piquetes, nada informativos y sí coercitivos, que proliferan en estas ocasiones y que los sindicatos montan para obligar a todos con el fin de que su convocatoria tenga el mayor éxito posible.
No a la huelga y me quedo tan pancho.
El que no tiene derecho a manifestarse en una causa exterior a sus obligaciones políticas es Carmelo Ramírez. A él como ciudadano le asiste el derecho a decir, hacer lo que le venga en gana, pero como político que cobra un sueldo del erario, no.
Carmelo Ramírez es un cargo electo y forma parte del equipo de gobierno de una institución pública española. Por lo tanto, se debe a ella y no a su libre albedrío, que siempre podrá ejecutar si es que renuncia a sus obligaciones políticas.
Gana su sueldo como miembro de esa corporación y no puede, como tal, ir por esos mundos de Dios como salvavidas de nadie. A no ser que sea de sus propios convecinos que le han elegido para el cargo.
Es más, creo que hasta podría ser sancionado por el propio Estado español, al usar y abusar de su cargo para inmiscuirse en la política interna de otro país.
Carmelo debería ser obligado a devolver sus sueldos que devenga por sus reiteradas ausencias de su puesto de trabajo.
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No hay idioma que no se borre en la arena. Da lo mismo la escritura de los nombres. Al final la orilla siempre reaparece como cuando nadie trazaba las letras...
Hace 4 horas

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