viernes, 12 de febrero de 2010

¡Que te sacan del museo!

Espabílate chico, que como no andes rápido te sacan del museo y si no estás ahí no eres nadie. ¿Qué cara se le habrá puesto a Marichalar cuando ha visto que su figura ya no cuenta ni para el Museo de Cera?

Debe ser fuerte la cosa. De repente ya no eres nadie. Antes figuraba hasta en las fotos oficiales, ahora ni en esas… pero ¿ha dejado de ser el padre de unos infantes, por demás simpatiquísimos?

Pero bueno, eso de que te saquen del museo tiene tela; claro que peor sería que te metieran en el museo, pero en el otro, en el de las momias; entonces sí que lo llevarías fatal.

Ahí, metidito en tu urnita, lleno de pellejitos y tú sin morirte sino que como ya no sirves para nada los políticos te envían a cuidar las estanterías de los cadáveres incorruptos. ¡Una pena!

Al que nadie se atreve a enviarlo al museo, ni sacarlo tampoco, es a Dimas Martín, dueño y señor de las haciendas de Lanzarote. Cada día se sacan a la luz pública desmanes, atropellos, contubernios de este semejante y él, como quien oye llover: no me voy a mojar, dicen que dijo.

Oye, que el tío desde la misma cárcel mandaba a políticos, funcionarios, policías, jueces y demás seres vivos que algo tengan que ver con la isla de los volcanes. Lo que uno se pregunta es cómo ha podido hacer todas estas cosas y que aún siga tan campante, fotografiándose, hablando, saliendo, entrando, sin que los rayos divinos acaben con él.

Y cuando hablo de rayos divinos, que ven que lo he puesto en minúscula, me refiero a CC, a sus amiguetes del PP, del PSOE, del PIL; bueno, a todos y cada uno de los que aún viajan hasta Arrecife para ponerse a sus órdenes, decirle que no se preocupe que nada de lo hecho trascenderá.

Y aunque sea condenado a cien mil años, él seguirá ahí, en su poltrona de Costa Teguise, con su blackberry, sus modems, faxes, pcs y parafernalia adjunta mandando y enviando y haciendo que otros corten y peguen las órdenes del señor.

Por menos de eso, ¡mucho menos!, ¡qué se va a comparar!, a Marichalar lo han sacado del Museo de Cera. A Dimas habría que hacerle un monumento… con una rueda de molino atada al cuello y a la mar… como dijo el Papa a cuenta de sus acólitos pedófilos.

No, no pido que lo suiciden, ¡válgame el cielo!, sino que lo aten de una vez y para siempre y le mantengan alejado de la política y de los políticos. A lo mejor así todos aprendemos la lección. Mientras él siga ahí, nadie se considerará un corrupto.